Mexican Press Agency
México · Estados Unidos
Cultura16 de abril de 2025

Abraham 'Bram' Hernández, desde el barrio y para el barrio: la historia del violinista de La Bande-son Imaginaire

Abraham Hernández, conocido como “Bram” cuando se presenta con la banda La Bande-son Imaginaire, es un músico de 32 años de origen mexicano que ha recorrido el mundo y ha cautivado la imaginación de miles con un “darkwave” mexicano que fusiona la herencia indígena con un sintetizador oscuro.

Abraham Hernández in makeup and in his role of “Bram”. Photo: Facebook, 2025.
Abraham Hernández maquillado y en su papel de “Bram”. Foto: Facebook, 2025.

Pero Abraham es más que su alter ego, Bram. Cuando las luces se apagan y los altavoces enmudecen, el músico nunca descansa. Da clases en un programa gubernamental llamado Escuelas para la Vida, donde jóvenes de todas las clases sociales y de todos los orígenes tienen la oportunidad de explorar el arte.

Abraham Hernández, originario de un lugar llamado Tláhuac, en la Ciudad de México, inició su carrera musical en un programa gubernamental gratuito. En una entrevista con MxPA reconoció que un joven como él no habría podido acceder a las artes de otra manera, y que dar clases en la Escuela para la Vida, parte de un programa del gobierno mexicano, le permitió cerrar un círculo y devolver a su comunidad algo de lo que recibió cuando tenía ocho años y empezó a tocar el violín.

Aprender con gratitud

Abraham Hernández comenzó a tomar clases en un programa social llamado “Orquestas y Coros” en la Ciudad de México hace 24 años, bajo la tutela del maestro Francisco Aquino Domínguez, un peruano que con el tiempo terminaría regalándole a Abraham su primer violín.

“Caminando con mi mamá escuchamos instrumentos y le dije: ‘Oye, mamá, algo suena como violines. Vamos a ver de qué se trata’”. Así fue como Abraham encontró el centro comunitario que, bajo la administración actual, se conoce como Pilares para el Bienestar, ubicado en la colonia La Nopalera.

El músico mexicano recuerda la increíble oportunidad de que le prestaran un instrumento a través de este programa del gobierno mexicano, porque en aquellos años (y hasta hoy) dos o tres mil pesos era demasiado dinero para una familia de un barrio de clase trabajadora. A eso se sumaba que, en aquel entonces, la familia de Abraham pagaba alrededor de ochenta pesos al mes por las clases del maestro Francisco.

“Básicamente pagabas para que alguien limpiara, porque no estabas pagando las clases”, comentó sobre el costo mínimo de recibir educación musical en ese centro comunitario.

Rodeado de personas con el impulso de servir y ayudar a su comunidad, Abraham inició su carrera musical. No solo el maestro Francisco guio al joven músico; también compañeros más avanzados se tomaron la tarea de ayudarlo a aprender su instrumento: “Empiezas a ver toda una comunidad súper bonita… estos programas te ayudan a entender que la comunidad, el tejido social, es muy importante, que no estás solo”.

Abraham se desarrolló rápidamente como un violinista talentoso, llegó a ser primer violín de la orquesta sinfónica de Tláhuac y se dio cuenta de que era momento de buscar estudios formales en la escuela Ollin Yoliztli.

El violinista de Tláhuac se enfrentó entonces a una realidad muy distinta después de ser aceptado en la prestigiosa escuela a los 15 años. Vio compañeros que venían de una educación formal, que tocaban mucho mejor que él y que provenían de círculos familiares que apoyaron su carrera musical desde el principio: “No es que yo fuera un mal violinista, es que mi formación era distinta”.

Abraham venía de una educación comunitaria, donde todos se apoyaban entre sí y la prioridad era que los alumnos aprendieran. En esta nueva escuela los estudiantes competían directamente, y el pedigrí de tu trayectoria musical marcaba tu estatus.

“Te sientes discriminado”, compartió el músico, al recordar que se le juzgaba por su origen en una familia sin tradición musical y por venir de un programa social. “Empecé a darme cuenta de que este ambiente es muy clasista y muy elitista”.

Antes de terminar su primer año, el joven músico se dio cuenta de que ese tipo de educación estaba matando poco a poco su amor por el arte.

“¿Qué hago aquí? No quiero odiar la música; amo la música, y esto me está haciendo odiarla”. Ese fue el pensamiento que llevó a Abraham a romper definitivamente con la educación musical tradicional. Después intentaría retomar sus estudios, pero finalmente decidió que ese camino no era para él.

El camino del rockstar

Desencantado con la música de cámara y con el mundo de la llamada alta cultura, Abraham comenzó a explorar géneros alternativos y violinistas que combinaban rock, jazz y blues para hacer música fuera de los cánones estrechos de las orquestas. Fue en ese viaje de descubrimiento musical donde conoció a La Bande-son Imaginaire.

Abraham Hernández performing with La Bande-son Imaginaire. @fotoflama, Facebook, 2024.
Abraham Hernández tocando con La Bande-son Imaginaire. @fotoflama, Facebook, 2024.

Originarios de Oaxaca, los hermanos Oscar Tanat y Heri Angelo Tanat fundaron una banda de darkwave que llama a las almas oscuras con un estilo inconfundiblemente mexicano. Abraham se enamoró de su música y, en un giro del destino, los hermanos Tanat buscaban violinista y estaban haciendo audiciones.

Tras una entrevista telefónica, los hermanos Tanat quisieron probar al violinista orquestal y ver cómo se desempeñaba en el escenario. Poco después acordaron la fecha de su debut con La Bande-son Imaginaire.

“Ese día, justo antes del show, nació mi personaje”. Abraham, que venía de la música clásica, comentó que no tenía nombre artístico ni atuendo particular más allá de los trajes formales que usaba para tocar el violín.

El chaleco de piel, el abrigo, los zapatos de baile y el moño de mariachi completaron a un nuevo músico, Bram.

“Recuerdo a los chicos, a los hermanos Tanat, volteando a verme (y diciendo): ‘¿Estás listo? Prepárate porque esto va a ser una locura’”.

Bautizado como Bram, recordó los gritos ensordecedores y el paso entre fans fascinados mientras se acercaban al escenario. La velada fue un éxito; los hermanos Tanat quedaron complacidos con el nuevo artista y Abraham había encontrado lo que llevaba tanto tiempo buscando: una forma distinta de vivir y de hacer música.

La Bande-son Imaginaire comenzó a girar con su nuevo integrante. El talento de estos artistas mexicanos les ha dado la oportunidad de recorrer Europa y Sudamérica.

Convertirse en maestro

El programa Escuelas para la Vida forma parte de un esfuerzo gubernamental por ofrecer a los jóvenes de México espacios lejos de las drogas y las pandillas. Para Abraham, este proyecto es mucho más que un espacio para mantener ocupados a los jóvenes: es un lugar donde se forman futuros músicos.

Abraham Hernández taking inventory of instruments in a classroom of a School for Life where he teaches music. Photo: Hans Leguízamo, 2025.
Abraham Hernández haciendo inventario de instrumentos en un aula de una Escuela para la Vida donde enseña música. Foto: Hans Leguízamo, 2025.

El violinista, formado en un centro comunitario, ahora enseña a jóvenes de todas las clases sociales en su municipio de Tláhuac. Para este músico, es muy importante crear escuelas locales que respondan a las necesidades de cada región.

Abraham es crítico de la centralización de las escuelas de música en la Ciudad de México; “las escuelas de superación artística nunca están en la periferia de la ciudad… están llenas de jóvenes que estudian y que no son de ahí”.

De sus experiencias en las escuelas de música, Abraham aprendió lo que no quiere ser: un maestro que maltrata a sus alumnos y los obliga, como hicieron con él, a abandonar el camino del arte.

“No quiero que los alumnos abandonen su proceso por mi culpa”, compartió Abraham. Al contrario, su método de enseñanza se basa en el trabajo comunitario, el apoyo mutuo y el reconocimiento del contexto de los jóvenes.

Inspirado por su maestro Francisco Aquino, Abraham busca devolver un poco de todo lo que estos programas sociales le han dado y procura animar a los futuros músicos con una actitud positiva ante los retos.

“Hay frases que odio escuchar. ‘No puedo’ está prohibido, ‘no lo puedo hacer’… cámbialo por otra cosa: todavía no estoy listo, necesito estudiar. Porque sí, sí podemos”. Cuando el profesor Abraham dice que podemos, también lo hace con el ejemplo, pues los jóvenes se asombran al enterarse de que el gran violinista que les enseña estudió en la preparatoria del barrio, que creció en las mismas calles que ellos y que Bram, el artista que gira por Europa, creció en su mismo barrio.

“Me convertí en el maestro rockstar de la escuela”, nos compartió Abraham con alegría, y agregó que eso le ha dado la oportunidad de inspirar a otros de una manera única. Sus alumnos pueden ver que se puede vivir de la música, que no hace falta estar en una orquesta para tener éxito.

“Para mí es como un sueño hecho realidad. Ahora, a los 33, creo que he cumplido muchos de los sueños que aquel niño de ocho años tenía”, compartió el violinista.

Abraham “Bram” Hernández no tiene intención de detenerse. Todavía tiene el sueño de crear una escuela de música para los niños de Tláhuac y de desarrollar un método de enseñanza comunitario, libre de violencia, que permita a los niños amar la música tanto como él ama enseñar.

Relacionado: Artistas mexicanos son resilientes a la IA: El Manchón, caricaturista mexicano

SecciónCultura
Republica esta notaNuestro periodismo se puede republicar libremente, con crédito completo a Mexican Press Agency y a sus autores. Avísanos antes en [email protected].

Más de Cultura

Todas las notas →