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Cultura3 de junio de 2026

De repartir refrescos en Veracruz a ganar un premio literario internacional en Italia

Braulio Elías Pérez Valencia carga cajas, recorre rutas de reparto y distribuye bebidas a negocios de Papantla, Veracruz. Foto: redes sociales
Braulio Elías Pérez Valencia carga cajas, recorre rutas de reparto y distribuye bebidas a negocios de Papantla, Veracruz. Foto: redes sociales

Cada mañana, Braulio Elías Pérez Valencia carga cajas, recorre rutas de reparto y distribuye bebidas a negocios de Papantla, Veracruz. Pero cuando termina su jornada, este trabajador de 55 años se sienta a escribir poesía.

Hoy, esas palabras escritas lejos de los círculos literarios tradicionales lo han llevado hasta Italia.

El veracruzano ganó el XVIII Premio Literario Internacional “Cosenza-Città Federiciana” en la categoría de Mejor Poema Extranjero gracias a su obra Escuché mi nombre, y se convirtió así en una de las historias culturales más inspiradoras surgidas de México en las últimas semanas.

Originario de Papantla, ciudad conocida en todo el mundo por el ritual de los Voladores y su herencia totonaca, Pérez ha construido una carrera literaria a la par de su trabajo diario repartiendo bebidas Boing. Durante años ha compaginado largas jornadas laborales con la escritura, desarrollando una voz poética marcada por la memoria, la identidad y la vida cotidiana en Veracruz.

Su poema Escuché mi nombre destacó entre trabajos de varios países y le valió el primer lugar en un certamen internacional organizado en la ciudad italiana de Cosenza por la Associazione Culturale Club della Poesia.

Lo que ha captado la atención del público no es solo el premio en sí, sino también la historia detrás de su ganador.

Mientras muchos escritores construyen su carrera a través de universidades, editoriales o instituciones culturales, Pérez escribe entre repartos, rutas de trabajo y responsabilidades familiares. Esa combinación de trabajador y poeta ha despertado una admiración generalizada en redes sociales y en medios de comunicación mexicanos.

Escuché mi nombre no es el primer reconocimiento internacional del poeta veracruzano. Diversos medios reportan que esta es la tercera ocasión consecutiva en que recibe distinciones en el certamen, con lo que consolida una trayectoria literaria construida en gran medida fuera de los reflectores.

Sin embargo, el logro llegó acompañado de un desafío inesperado.

Aunque Pérez fue invitado a recibir el premio en persona durante la ceremonia prevista para principios de junio en Calabria, Italia, no cuenta con los recursos económicos necesarios para hacer el viaje.

Ante esa realidad, vecinos, amigos, clientes y personas que conocieron su historia han comenzado a organizar rifas, ventas y colectas para ayudarlo a reunir el dinero que exige el viaje. El propio escritor ha recurrido al apoyo de la comunidad con la esperanza de cumplir su sueño de aceptar el premio en persona.

La respuesta ha sido inmediata. En redes sociales, miles de usuarios han compartido su historia como un ejemplo de perseverancia y como prueba de que el talento puede surgir lejos de los grandes centros culturales.

En un país donde los éxitos culturales suelen asociarse con instituciones o figuras consolidadas, Pérez representa una realidad distinta: la de quienes crean arte desde la vida cotidiana sin abandonar los empleos que les permiten sostenerse.

Mientras sigue reuniendo fondos para viajar a Italia, el poeta de Papantla ya ha logrado algo que ningún premio puede medir del todo. Ha demostrado que la literatura puede nacer en cualquier lugar, incluso dentro de la cabina de un camión de reparto que recorre las carreteras de Veracruz.

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