Menos violencia, más raíces: México Canta fortalece su puente binacional en su segunda edición
Tiffany Cruz Galaviz, de Glendale, California; Lizandro Antonio Espinoza, de Portland, Oregón; y Bryan Soto, de Valle de Chalco, Estado de México, fueron elegidos por el público como ganadores de la final celebrada el 13 de septiembre en el Auditorio Nacional.
*El certamen impulsado por el Gobierno de México superó el millón de votos y abrió un camino profesional para jóvenes de ambos lados de la frontera.
Más de un millón de votos, 16,289 participantes de México y Estados Unidos, y tres nuevas carreras respaldadas por la industria musical marcaron la segunda edición de México Canta, la iniciativa del Gobierno de México para empezar a sacar de la música regional mexicana la glorificación de la violencia y sustituirla por historias de identidad, amor, familia, raíces y esperanza.
Tiffany Cruz Galaviz, de Glendale, California; Lizandro Antonio Espinoza, de Portland, Oregón; y Bryan Soto, de Valle de Chalco, Estado de México, fueron elegidos por el público como ganadores de la final celebrada el 13 de septiembre en el Auditorio Nacional.

Tiffany cautivó al público con “Cosa fina de mi país”; Lizandro interpretó “Pena de la buena”, mientras que Bryan Soto, acompañado por Clave 5/7, presentó “Labios de cereza”. Los tres firmarán contratos con empresas que forman parte del Consejo de la Música Mexicana, según los resultados oficiales.
El hecho de que dos de los tres ganadores compitieran desde Estados Unidos confirmó el alcance binacional de un proyecto que, tras solo dos ediciones, ha convertido la música mexicana en un puente para jóvenes que crecieron entre idiomas, territorios y culturas.
La respuesta del público también mostró un crecimiento considerable. La primera edición concluyó en 2025 con 222,955 votos, mientras que la final de este año superó el millón, más de cuatro veces la participación registrada en su debut.
Un total de 10,528 jóvenes de México y 5,761 de Estados Unidos se inscribieron para la competencia de 2026. Siete representantes de cada país avanzaron a las semifinales, celebradas en el Orpheum Theatre de Los Ángeles y el Teatro Ángela Peralta de Mazatlán.
Ocho llegaron al Auditorio Nacional: cuatro en representación de México y cuatro de Estados Unidos. La final se transmitió por más de 40 medios públicos y cruzó fronteras a través de las señales internacionales de Canal Once y el Canal de las Culturas de México, así como de plataformas digitales.
México Canta forma parte de la Estrategia Integral para Atender las Causas de Raíz del gobierno federal. Su propósito no es prohibir géneros ni censurar canciones, sino ofrecer escenarios, apoyos y oportunidades profesionales a quienes crean modelos distintos a la violencia, la misoginia, el racismo y la discriminación.
“No se trata de prohibir, se trata de generar otras propuestas”, explicó durante la final la secretaria de Cultura, Claudia Curiel de Icaza. La funcionaria sostuvo que estas nuevas voces demuestran que es posible renovar la música mexicana sin presentar la violencia como destino.
Ese cambio de narrativa tiene rostro en los jóvenes que participaron desde Estados Unidos. Son hijos de migrantes, trabajadores, artistas bilingües y descendientes de familias que llevaron consigo las canciones, las costumbres y la memoria de México.
Tiffany Cruz Galaviz, una de las ganadoras de esta edición, nació en Los Ángeles y creció en una familia marcada por la migración. Su madre llegó a Estados Unidos cuando tenía alrededor de 17 años y empezó a trabajar como costurera; su padre emigró desde Puerto Rico a la misma edad y no ha visto a su familia en más de seis décadas.
Su madre la inscribió en un conservatorio cuando era muy pequeña para que tuviera oportunidades que otros miembros de su familia no tuvieron.
“Que exista algo así, donde podemos tener una oportunidad y contar con personas con quienes hablar y en quienes confiar, sabiendo que nos van a dar buen trabajo, sí, estoy muy agradecida”, dijo la cantante de 24 años.
Lizandro Antonio Espinoza, de 21 años, convirtió su participación y su posterior victoria en un homenaje a su abuelo. Su familia tiene raíces en Morelia, Michoacán, así como en Durango y Zacatecas. Mientras construye su carrera musical, trabaja de noche y reserva sus días libres para descansar y caminar por las montañas de Oregón.
“Estoy aquí en México Canta porque sé que, aunque no gane, hago esto por mi abuelo, en honor a mi abuelo. Sé que algún día, como sea, voy a ser grande”, dijo antes de convertirse en uno de los tres ganadores.
Entre los finalistas de Estados Unidos también estuvo Joshua Soto, un joven de 18 años del Bronx, Nueva York, cuyos padres emigraron de la Ciudad de México. Cuando empezó la escuela, era el único niño de su clase que hablaba español y durante años se sintió inseguro por ser mexicano y distinto a quienes lo rodeaban.
La música lo ayudó a reconciliarse con esa identidad. A los cinco años mostró interés por el canto y sus padres lo inscribieron en clases de piano en Bronx House, un centro comunitario de su barrio.
“Es un gran placer estar aquí, tener la oportunidad de ir a México, conocer a otros mexicoamericanos y aprender más sobre mi cultura”, dijo Soto.
Rosalba Valdez, finalista de 27 años nacida en Chicago e hija de migrantes de Michoacán, dijo que la competencia da a los artistas mexicoamericanos la oportunidad de tender puentes y alzar la voz por sus comunidades.
“Ser mexicoamericana es una experiencia tan hermosa. La llevo conmigo a donde voy, como artista, pero también en todo mi trabajo como ser humano”, dijo.
Para Valdez, reivindicar esa identidad cobra mayor importancia en medio de los ataques y la criminalización que enfrenta la comunidad migrante en Estados Unidos.
“Nuestra cultura es hermosa por su música, su comida y nuestra gente trabajadora y resiliente. Debemos seguir honrándola”, subrayó.
Grecia del Carmen Marín, participante de 25 años originaria de California, encontró en México Canta una oportunidad para representar la música regional mexicana y transmitirla a nuevas generaciones.
Durante el embarazo, relató, los médicos advirtieron a su madre que ambas estaban en peligro y que ella podría nacer con síndrome de Down. Su madre decidió continuar con el embarazo.
“Creo que soy prueba viviente de que la ciencia también puede equivocarse. Es un orgullo representar todo lo que es la música regional mexicana y seguir enseñando a las nuevas generaciones todo tipo de música mexicana”, dijo.
Grecia también destacó la inclusión de quienes viven al norte de la frontera: “Es increíble que la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, nos esté incluyendo. Estoy muy agradecida”.
Daniel Ochoa, de 25 años y residente de Arizona, dijo que participar le permitió conocer a intérpretes de estilos distintos y aprender sobre la diversidad cultural que existe en México y Estados Unidos.
“Para mí, ser mexicoamericano significa que puedo representar mi cultura mexicana viviendo en Estados Unidos y llevar conmigo la cultura de mis padres”, explicó.
A quienes consideren buscar una oportunidad similar les recomendó no pensarlo demasiado: “Solo háganlo. Pueden sorprenderse y llevarse una experiencia que de otro modo nunca habrían tenido”.
Miranda González, de 28 años, nació en Colorado, pasó parte de su infancia en Cancún y regresó a Estados Unidos a los 13 años. Para ella, ambos países forman parte de una misma identidad.
“México siempre ha estado en mi corazón y siempre estará. Es parte de mí y de quien soy”, dijo. “México Canta es algo espectacular, algo que va a unir a México y a cambiar la vida de muchas personas”.
Las historias de estos siete concursantes muestran que el impacto del proyecto no puede medirse solo en votos. La competencia también creó un espacio donde jóvenes nacidos o criados en Estados Unidos pudieron presentarse como parte viva de la cultura mexicana sin tener que elegir un país sobre el otro.
Más de 15,000 jóvenes participaron en la primera edición, las transmisiones acumularon más de 11 millones de vistas y 25 medios públicos se sumaron al proyecto. En 2026 aumentaron las inscripciones, los medios participantes y, sobre todo, el voto del público.
México Canta no ha eliminado por sí solo las expresiones que glorifican el crimen y la violencia, pero ha empezado a competir con ellas por audiencias, escenarios y oportunidades profesionales. Lo hace sin prohibiciones: pone canciones distintas ante el público y ofrece a sus autores e intérpretes un camino hacia la industria.
En apenas dos años, esa alternativa ha dejado de ser solo una declaración gubernamental. Más de un millón de votos y las voces de jóvenes de California, Oregón, Arizona, Colorado, Nueva York y Chicago muestran que la nueva música mexicana también se escribe lejos de México y que, en ambos lados de la frontera, hay una generación lista para cantar sobre algo más que la violencia.
Relacionado: Sombras, performance y comunidad: Gothic Picnic se apoderó del sur de la Ciudad de México
Más de Cultura
Todas las notas →México celebra el 4º Encuentro Internacional de Investigadores de Videojuegos
Al norte de la Ciudad de México se llevó a cabo el cuarto encuentro de investigadores de videojuegos, que forma parte de la Digital Games Research Association (DIGRA), conocida en México como DIGRA Mx.
Karim López hace historia como el primer mexicano elegido en la primera ronda del Draft de la NBA
El baloncesto mexicano logró un avance sin precedentes la noche del martes, cuando Karim López se convirtió en el primer jugador nacido en el país en ser elegido en la primera ronda del Draft de la NBA.
México trae la fiesta que el Mundial nunca supo que necesitaba
Un pato con la camiseta de la selección mexicana camina entre miles de personas por el Paseo de la Reforma. Se llama Merlin. Acompaña a una familia


