«México te abraza» y el milagro de Isabela
La estrategia «México te abraza» y la «Tarjeta Bienestar Paisano» representan un éxito de la actual administración.

Por Juan Manuel Lira. SPR Informa. Agencia de Prensa Mexicana.
El acto de repatriar a un connacional desde Estados Unidos es un momento de gran fragilidad, un momento de profunda vulnerabilidad. En este sentido, la estrategia «México te abraza» y la «Tarjeta Bienestar Paisano» representan un éxito de la actual administración. Esta política de «puertas abiertas» ofrece una credencial de identificación, apoyo económico para el traslado y, algo crucial, la afiliación temporal al Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) como un acto de reconocimiento: el Estado mexicano cumpliendo su función primordial, es decir, reintegrar y proteger a uno de los suyos y a su familia.
Naturalmente, el Estado busca comunicar la fortaleza de esta estrategia. Y la mejor manera de hacerlo es a través de historias que tocan el corazón. Recientemente, conocimos el caso de Isabela, una bebé con una compleja condición congénita, trasladada desde Estados Unidos gracias a esta estrategia y operada con éxito en la Unidad Médica de Alta Especialidad, Hospital Pediátrico del Centro Médico Nacional de Occidente del IMSS, en Guadalajara, Jalisco. Es una historia que debe atesorarse sin reservas, un testimonio de la extraordinaria capacidad técnica y humana que existe en nuestras instituciones públicas.
Estos casos emblemáticos son clave. Nos recuerdan el potencial del sistema, la destreza de sus profesionales y su capacidad para lograr resultados de clase mundial. Es objetivamente bueno que Isabela esté bien y que el IMSS tenga la capacidad de alcanzar tales resultados. Eso no está a debate.
Sin embargo, desde la perspectiva de la política pública, es vital ubicar estas historias en su contexto adecuado. En el análisis de la administración pública existe un concepto conocido como «gobernar por anécdota»: el uso de casos excepcionales, ya sean éxitos rotundos o fracasos trágicos, para definir la totalidad de un sistema. Es una herramienta de comunicación tentadora porque mejorar la atención diaria o la calidad del servicio es lento y poco glamoroso, mientras que los «milagros» son inmediatos y emocionalmente gratificantes. Las políticas públicas no pueden ni deben evaluarse por sus excepciones heroicas, sino por sus resultados y su sostenibilidad.
El milagro de Isabela no lo hizo un administrador, un político ni un estratega de comunicación. El milagro de Isabela lo hicieron, con sus manos y su conocimiento, los equipos de cirugía pediátrica, anestesiología y enfermería especializada del Hospital Pediátrico del Centro Médico Nacional de Occidente. Es un mérito absoluto del personal de salud, esos trabajadores que sostienen el sistema día tras día.
El éxito del caso de Isabela está marcado por circunstancias de alta complejidad, considerable especialización y un enfoque preciso que demuestra la capacidad técnica de los profesionales de la salud. Sin embargo, la verdadera fortaleza de un sistema público de salud se mide por la calidad de sus servicios cotidianos.
La persona repatriada que recibe su Tarjeta Bienestar generalmente no busca una cirugía de alta complejidad. Busca, como millones de mexicanos, una cita oportuna de medicina familiar. Quiere que su receta se surta completa. Necesita una cita con un especialista en un plazo razonable. Quiere un trato amable y digno. En resumen, busca un promedio sostenible.
El mismo personal de salud capaz de lograr hazañas como la de Isabela es el que enfrenta la presión diaria de las métricas por millones de consultas y cirugías impuestas por las autoridades. Son los mismos trabajadores que operan en unidades de medicina familiar al 100% de su capacidad, que hacen milagros a pesar de equipos médicos obsoletos y que laboran bajo condiciones de desgaste impuestas por su propia administración.
La política pública revela una tensión insostenible. Por un lado, apreciamos la calidad artesanal, lenta y heroica del caso de Isabela. Por otro, imponemos una métrica de desempeño masiva, industrial y basada en cantidades al mismo personal.
Celebrar el éxito de Isabela es justo y necesario. Pero usarlo como la única métrica del sistema es peligroso. Un sistema de salud robusto no es solo el que produce grandes titulares, sino el que eleva silenciosamente la calidad de vida promedio de todos sus beneficiarios.
El «abrazo» que ofrecemos a los connacionales repatriados al llegar a suelo mexicano será verdaderamente fuerte cuando ofrezcamos no la posibilidad de un milagro, sino la certeza de una atención digna y oportuna. Ese es el puente que debemos seguir construyendo, el que conecta las anécdotas heroicas con los estándares sostenibles.
La mejor política de salud no es la que se narra como un «triunfo» de un funcionario en conferencias de prensa, sino la que se vive todos los días en el consultorio, la clínica, el hospital. Y eso depende enteramente de un personal que ya ha dado demasiado, y a quien le debemos no solo aplausos por los milagros, sino justicia laboral y reconocimiento por su trabajo diario.
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