Las remesas llegan a US$41.8 mil millones y mantienen unidas a las familias
Los mexicanos en el exterior enviaron a casa US$41.802 mil millones entre enero y agosto de 2026, un aumento de 2.2% respecto al mismo periodo de 2025, según el Banco de México (Banxico). La cifra confirma la recuperación de un flujo que…

Los mexicanos que viven en el exterior enviaron a casa US$41.802 mil millones entre enero y agosto de 2026, un aumento de 2.2% frente al mismo periodo de 2025, según el Banco de México (Banxico). La cifra confirma la recuperación de un flujo que expresa, semana tras semana, la solidaridad de millones de familias.
La recuperación tiene contexto. En 2025 las remesas sumaron US$61.79 mil millones, por debajo de los US$64.75 mil millones de 2024, según LatinNews. Este año la tendencia acumulada se volteó al alza y las familias en México reciben ese apoyo con renovada confianza.
Cada remesa es un acto de amor con dirección de retorno. Puede convertirse en la despensa, un uniforme escolar o la reparación de un techo en un pequeño pueblo de México. Detrás del número hay una persona que trabaja largas jornadas en una cocina, un campo o una obra y decide, mes tras mes, apartar una parte de su quincena para su tierra.
Esas transferencias llegan a los barrios, a las tiendas de la esquina, a las farmacias y a los mercados locales. Sostienen a los pequeños negocios y dan a los municipios una fuente constante de demanda. Una familia que recibe apoyo puede planear, ahorrar y darles a sus hijos tiempo para estudiar. Cuando un pueblo recibe ayuda constante, la farmacia mantiene sus estantes surtidos, el sastre recibe pedidos nuevos y la escuela local cuenta con alumnos que asisten todo el año.
Las remesas también cuentan una historia sobre la imagen de México. Muestran a un país cuyas personas llevan consigo la responsabilidad dondequiera que vayan. Los trabajadores de la agricultura, la hotelería, el cuidado de la salud y la construcción en Estados Unidos mantienen la mesa puesta en su pueblo y aportan su trabajo a los lugares donde viven. El mismo esfuerzo sostiene a dos comunidades a la vez, y ese aporte merece reconocimiento en ambos lados de la frontera.
Datos rápidos: el envío promedio subió 4.5% a US$409, y los canales electrónicos concentraron 99.1% del total. Solo en agosto, las remesas alcanzaron US$5.452 mil millones, 3.6% por debajo de agosto de 2025, tras seis aumentos mensuales consecutivos.
La variación mensual es propia de cualquier flujo de este tamaño, y la tendencia acumulada sigue siendo positiva. El mayor monto promedio sugiere que los remitentes concentran su esfuerzo en menos envíos y de mayor tamaño, y los canales digitales hacen ese esfuerzo más rápido. Vistas en conjunto, estas cifras describen un sistema maduro en el que las familias confían y que sigue adaptándose.
La tecnología también ha acercado a las familias. Una transferencia llega en minutos y la videollamada del domingo completa el mensaje. Los abuelos ven crecer a los niños y los migrantes siguen presentes en cumpleaños, graduaciones y fiestas del pueblo a las que no pueden asistir en persona.
El siguiente paso es conectar esa lealtad con la oportunidad. Cuentas digitales de bajo costo, productos de ahorro, microcrédito y opciones de inversión local pueden ayudar a las familias receptoras a convertir el apoyo mensual en patrimonio. Bancos, cooperativas y gobiernos municipales pueden coordinarse con los consulados en Estados Unidos para dar a conocer esas herramientas donde viven los remitentes.
Programas que igualen el ahorro con proyectos locales, como sistemas comunitarios de agua, pequeños talleres o fondos de becas, permitirían que las remesas construyan infraestructura duradera en el pueblo de origen, con un resultado visible: un pozo, un aula o un taller que lleve el nombre de sus donantes. Cada dólar ahorrado en conjunto multiplica el efecto del esfuerzo original. Las asociaciones de migrantes de los pueblos de origen ya conocen a sus comunidades, y México tiene la oportunidad de articular su esfuerzo con los gobiernos estatales.
Los números describen el flujo. Los rostros lo explican: una madre que llama cada domingo, un hijo que manda dinero el día de pago, una familia reunida frente a la pantalla de un teléfono para dar las gracias.
La familia, el trabajo y la confianza ya viajan juntos en cada transferencia. Con las herramientas adecuadas, también pueden crecer juntos.
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