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Opinión23 de abril de 2025

Del Gasómetro al Vaticano: Bergoglio, un hombre de fe

Jorge Mario Bergoglio, el papa Francisco I, falleció el 21 de abril. Foto: Mario Jasso / Cuartoscuro / MxPA
Jorge Mario Bergoglio, el papa Francisco I, falleció el 21 de abril. Foto: Mario Jasso / Cuartoscuro / MxPA

Por Diego Camacho Larrea. SPR Informa. Agencia de Prensa Mexicana

A lo largo de sus 88 años en este planeta, Jorge Mario Bergoglio fue muchas cosas. Su primer «trabajo» fue ser hincha de San Lorenzo de Almagro, el equipo de fútbol de su barrio, Miraflores, en el este de Buenos Aires. En las tribunas del viejo estadio Gasómetro se convirtió en creyente de la religión del balón, una que desafía la lógica pero moviliza a miles hacia sus templos cada domingo, con la esperanza de que desde los cielos lo divino ilumine a uno de los 22 jugadores para hacer el milagro esperado: el gol. Las canchas argentinas fueron su mayor escuela de fe. Allí cantó, gritó y seguramente le habrá gritado a algún jugador de Huracán, el clásico rival de San Lorenzo. En uno de esos partidos aprendió que a veces la fe no basta y que hay que buscar el cambio que se reza. También conoció los defectos más comunes de la humanidad: la envidia, la violencia y la codicia.

Con el tiempo, llevó las enseñanzas del fútbol a su segunda profesión como profesor de literatura en el Colegio Inmaculada Concepción, donde enseñó a estudiantes de secundaria que lo recuerdan exigente pero comprensivo, y siempre en busca del bien común. Un alumno incluso dijo que los hacía pensar como Borges y debatir como Shakespeare. Durante el año en que formó parte del claustro, no se limitó a cumplir su horario docente. Cuando sonaba la campana del recreo, solía sumarse a los partidos de fútbol organizados por alumnos y seminaristas, usando el deporte como herramienta formativa. En esas tardes de convivencia, cuando alguien no pasaba la pelota y pretendía resolver todo con una jugada individual digna de Sívori o Artime (los ídolos argentinos de la época), decía con firmeza: «El que no juega en equipo pierde hasta el recreo».

Cuatro años después de dejar su trabajo como docente, fue ordenado sacerdote en la capilla del Colegio Máximo de San José. Eran tiempos difíciles, pues había comenzado la dictadura militar. Varios de sus compañeros jesuitas, entre ellos los sacerdotes Orlando Yorio y Francisco Jalics, fueron perseguidos por sus ideas de izquierda. Existe un amplio debate sobre si Bergoglio los protegió o los entregó al régimen militar.

Para 1986, la dictadura en Argentina había terminado, pero el país aún atravesaba un proceso de reconstrucción social y política. La victoria de la selección nacional, bajo la dirección del entrenador Carlos Bilardo y el genio de Diego Maradona, representó un momento de orgullo y euforia para los argentinos, que finalmente veían un triunfo después de años de sufrimiento y represión. Bergoglio, que para entonces ya se desempeñaba como Provincial de los Jesuitas y era un destacado líder religioso comprometido con la justicia social y crítico de la dictadura, declaró después que esa victoria fue una de las mayores alegrías emocionales que el deporte le dio. Por eso siempre tuvo palabras amables para el capitán del equipo:

«Maradona es un hombre que, como muchos, ha tenido sus debilidades y caídas, pero también ha tenido momentos de grandeza. Dios ve el corazón de las personas y no debemos juzgar a nadie».

En total, Bergoglio ocupó 12 títulos distintos dentro y fuera de la Iglesia católica antes de ser elegido papa en 2013. Como Sumo Pontífice, probablemente recordó sus días en el estadio de San Lorenzo, empujando desde las tribunas a los jugadores para ganar partidos. Inspirado por ese mismo espíritu, el papa Francisco impulsó reformas significativas destinadas a modernizar la Iglesia y atender los temas contemporáneos. Muchas de esas reformas enfrentaron la resistencia de sectores tradicionales que preferían mantener el statu quo. Sus esfuerzos por promover la transparencia financiera en el Vaticano y combatir la corrupción dentro de la Curia romana no fueron bien recibidos por quienes se beneficiaban de la opacidad del sistema. Sin embargo, la oposición de quienes querían que todo siguiera igual no lo detuvo. Impulsó un mayor papel de las mujeres en la Iglesia y abogó por una Iglesia más cercana a los pobres. Denunció la distribución injusta de la riqueza traída por el neoliberalismo y la falta de voluntad de los gobiernos para promover un cambio profundo.

Así, a nadie sorprendió que en 2021 enviara una carta al entonces presidente López Obrador para animarlo a no descansar y continuar con sus esfuerzos transformadores.

Jorge Mario Bergoglio terminó su vida como el papa Francisco I, pero fue mucho más que un papa. Fue un hombre de transformación que no se conformaba con lo que ya era, sino que buscaba el cambio. Hoy, el hombre que aprendió la solidaridad en Boedo ha partido al cielo, donde seguramente juega el partido eterno, siempre al ataque, porque como dijo una vez: «Siempre hay que jugar hacia adelante, patear hacia adelante, porque así podemos construir un mundo mejor».

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