Claudia y Lula, la CELAC y los BRICS... y el ejemplo de la OPEP

La propuesta de celebrar una Cumbre por el Bienestar Económico de América Latina, presentada este miércoles por la presidenta Claudia Sheinbaum, podría construir la influencia y las capacidades de las que hasta ahora ha carecido la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) en el contexto de la búsqueda generalizada de alternativas a la hegemonía comercial estadounidense.
Aunque sería difícil que México escapara de la atracción gravitatoria de su vecino del norte, es posible moderarla y contrarrestarla. México lo ha procurado a lo largo de su historia, salvo en periodos de subordinación, como la era neoliberal. Y ahora, con el caos de los confusos vaivenes de la política de Donald Trump, tanto el imperativo como la oportunidad de hacerlo se vuelven evidentes.
La presencia de Claudia Sheinbaum en la IX Cumbre de la CELAC en Tegucigalpa, Honduras, fue importante para el grupo y para México. La foto de la presidenta mexicana con su homólogo brasileño tiene un alto valor simbólico. También lo tiene el respaldo significativo que dio a quienes se suceden como líderes pro tempore del grupo: la hondureña saliente Xiomara Castro y el colombiano entrante Gustavo Petro.



En este momento, cuando la cuarta economía del continente, Canadá, enfrenta una elección, Sheinbaum y Lula lideran la segunda y la tercera economías del hemisferio y coinciden en reivindicarse de izquierda y conservar una capacidad de maniobra significativa para conducir sus países (a diferencia de Petro, asediado por la derecha). Al trabajar juntos, México y Brasil pueden romper el techo que ha lastrado a la Comunidad.
La participación activa de México permite que la CELAC sea mucho más que un bloque sudamericano debilitado por el trumpismo de Argentina y Ecuador. Da a sus iniciativas profundidad y volumen estratégicos, así como un canal de diálogo con América del Norte.
En contrapartida, le da a México liderazgo, un rasgo de personalidad que escapa a la marginación a la que Washington quisiera someterlo, y espacio vital para fortalecer y construir alternativas que alivien su dependencia de Estados Unidos: con el trumpismo, ha quedado claro que seguir siendo un apéndice económico de Estados Unidos no es una opción para la estabilidad.
CON LOS BRICS COMO CON LA OPEP
Hay dudas sobre la viabilidad a largo plazo de los BRICS, dada su enorme diversidad política y económica, su amplia dispersión geográfica y, notablemente, las rivalidades abiertas entre ellos, sobre todo entre China y Rusia y entre China e India. Pero hasta ahora, este grupo es el espacio en el que se plantean opciones alternativas a los modelos hoy en crisis, y a México le interesa ser considerado en el juego.
Si bien es poco probable y no necesariamente deseable que México se una formalmente a los BRICS, puede acercarse a ellos a través de Brasil. Más aún, México ya ha probado vías alternativas de colaboración mutuamente benéfica con bloques en conflicto con Estados Unidos.
Es el caso de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), que ha desafiado repetidamente a las potencias mundiales apoyándose en México como pilar externo e incluso, en ocasiones, como iniciador de maniobras exitosas que la Casa Blanca no ha podido neutralizar.
Sheinbaum propuso “hacer realidad una mayor integración económica regional, basada en la prosperidad compartida y el respeto a nuestra soberanía”.
Su visión también es política, como lo demostró al abordar el tema de los migrantes: “Rechazamos el racismo, el clasismo, la violación de los derechos humanos y la criminalización de hermanos y hermanas de nuestro continente que, por cualquier razón, han tenido que migrar hacia el norte”. Por eso enfatizó que “América Latina y el Caribe requieren unidad y solidaridad de sus gobiernos y de sus pueblos”.
Tanto en lo regional como en lo global, México necesita fortalecer su activismo, generar alternativas y recuperar independencia. Clave para ello es su participación en foros como la CELAC, un posible acercamiento a los BRICS, así como construir sincronía entre la Ciudad de México y Brasilia.
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