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Opinión3 de junio de 2025

Elecciones históricas, oposición histriónica

Contra ataques mediáticos, poca publicidad y llamados al boicot, 13 millones de mexicanos votaron en las primeras elecciones judiciales. Una victoria política y democrática para Claudia Sheinbaum, y un paso clave para el Plan C. Foto: Gobierno de México
Contra ataques mediáticos, poca publicidad y llamados al boicot, 13 millones de mexicanos votaron en las primeras elecciones judiciales. Una victoria política y democrática para Claudia Sheinbaum, y un paso clave para el Plan C. Foto: Gobierno de México

Por Jenaro Villamil Rodríguez. Agencia de Prensa Mexicana.

En las elecciones federales del 2 de junio de 2024, la victoria de la alianza de partidos que respaldaba la continuidad de la Cuarta Transformación fue tan abrumadora como brutal fue la derrota de la alianza opositora, que registró su peor desempeño en muchos años.

Claudia Sheinbaum arrasó en la contienda presidencial, al obtener 36 millones de votos, casi el 60 por ciento del total, con una participación electoral cercana al 61 por ciento. La coalición “Sigamos Haciendo Historia” de Morena, PT y Verde ganó una mayoría calificada de dos tercios en la Cámara de Diputados y quedó a solo tres escaños de controlar por completo el Senado, donde se necesitan 85 senadores para una mayoría calificada.

En las contiendas estatales, el partido en el poder también dominó. Retuvo la Ciudad de México con Clara Brugada al frente y recuperó alcaldías que antes habían quedado en manos del PAN y del PRI. La coalición liderada por Morena ganó en 9 de los 13 estados donde se eligieron gobernadores, dio un gran campanazo en Yucatán, se impuso por un margen de 2 a 1 en Veracruz y capturó casi el 80 por ciento de los votos en Tabasco y Chiapas. También ganó en Morelos y Puebla.

El significado de estas elecciones, celebradas hace apenas un año, también reflejó la magnitud de la victoria de Andrés Manuel López Obrador, quien, tras un sexenio marcado por una tensión política extrema, vio a sus simpatizantes derrotar en las urnas a todo el ecosistema mediático, político e intelectual de la derecha. Aseguró la continuidad de la Cuarta Transformación, algo que ni siquiera el general Lázaro Cárdenas logró en 1940, y demostró que el “Plan C”, propuesto en febrero de 2024, tenía una gran probabilidad de convertirse en realidad.

El verdadero “veneno” para quienes se resistían a la Cuarta Transformación fue precisamente el Plan C, que proponía reformas profundas para eliminar o reestructurar organismos autónomos como el Instituto Nacional de Acceso a la Información (INAI), la Comisión Federal de Competencia (Cofece) y el Instituto Federal de Telecomunicaciones (IFETEL), y, lo más importante, la reestructuración del Poder Judicial mediante elecciones libres y directas.

Un año después, el domingo 1 de junio, las fuerzas de derecha volvieron a subestimar y malinterpretar los resultados de las elecciones del año pasado para la Presidencia y el Congreso, y sobre todo malinterpretaron los resultados de la primera elección popular para la mitad de los escaños de ministros, magistrados y jueces del Poder Judicial de la Federación.

La interpretación es tan estrecha que los líderes del PRI y del PAN anunciaron que solicitarán la anulación de las elecciones judiciales debido a la baja participación electoral. ¿Se dan cuenta de la absurda contradicción? Si algún grupo político impulsó la abstención y el “voto nulo”, fueron precisamente ellos. ¿Están Alito Moreno y Jorge Romero dispuestos a permitir que el Tribunal Electoral Federal examine el impacto de sus llamados a boicotear las elecciones judiciales?

La ira es mala consejera. Ciega a quienes la sienten. Destruye la capacidad de aceptar la realidad. Lleva a subestimar a los adversarios con base en una supuesta superioridad que se ha erosionado con la creciente participación de los ciudadanos y del pueblo en las decisiones clave que configuran la transformación de la República. Las fuerzas de derecha no solo están moralmente derrotadas, sino políticamente destrozadas, aunque todavía comanden un ejército de personajes mediáticos, comentaristas, “analistas” y columnistas que viven en su propio mundo de burbuja.

No ven al pueblo. No escuchan a sus audiencias. Están atrapados en un estado de negación y, como en la fábula del rey desnudo, no se han dado cuenta de que ya no tienen corona, cetro ni autoridad, solo un pequeño círculo de aduladores hablando entre sí.

La elección judicial del 1 de junio de 2025 marca un punto de inflexión por razones que muchos han tratado de ignorar o minimizar. A continuación, un breve resumen de estas razones clave:

Esta fue la primera elección directa no de una sola persona, sino de múltiples listas de candidatos que no contaron con financiamiento para exponerse en medios masivos ni acceso al financiamiento público que reciben los partidos políticos. Fue una campaña realizada con todo el ecosistema mediático-digital en contra y con intensos, aunque insuficientes, esfuerzos de educación política. Los críticos ahora intentan minimizar el éxito de esta elección señalando la baja participación (que el PRI y el PAN alentaron activamente), o el uso de guías impresas o “acordeones”, como si los votantes hubieran simplemente “copiado respuestas” en un examen o estuvieran siendo coaccionados. Una vez más, subestimaron la inteligencia de los ciudadanos mexicanos que acudieron a votar desafiando el boicot de la oposición.

A pesar de todos los obstáculos (publicidad limitada, un proceso complejo con hasta nueve boletas, muchas menos casillas electorales, mensajes negativos de televisoras como Azteca que llamaban abiertamente al boicot), 13 millones de votantes participaron. Esto en un país donde la gente no está acostumbrada a conocer a sus jueces, magistrados o miembros de un nuevo Tribunal Disciplinario que fungirá como órgano de control interno.

Esta es una victoria política y democrática para Claudia Sheinbaum, quien, a pesar de la presión y las intrigas de la derecha, no retrocedió en cumplir el mandato popular a favor del “Plan C”, ni traicionó su propio compromiso de transformar el Poder Judicial.

El “domingo negro” fue para las fuerzas de derecha, que apenas lograron reunir a 4,000 personas para marchar del Monumento a la Revolución al Ángel de la Independencia en la Ciudad de México, sin liderazgo alguno, expresando descontento sin ofrecer ninguna propuesta alternativa.

¿Realmente creen que mantener la actual Suprema Corte, después del comportamiento sectario, golpista y deshonesto de la ministra presidenta Norma Piña, tendrá respaldo popular? ¿O que los ministros que otorgaron protección legal al evasor fiscal más notorio de nuestro tiempo, Ricardo Salinas Pliego, serán defendidos por la ciudadanía? ¿O que una burocracia judicial vinculada a la figura narco-policial Genaro García Luna merece protección?

¿Piensan que los ciudadanos se movilizarán en apoyo de jueces y magistrados de circuito que han otorgado 160 liberaciones y amparos a figuras del crimen organizado?

¿Imaginaban que el 60 por ciento de los cargos judiciales podía permanecer intacto en medio de escándalos de nepotismo, tráfico de influencias, privilegios y altos salarios, con resultados magros para los ciudadanos de a pie?

La elección del 1 de junio también fue un fracaso para las fuerzas de la corrupción política y criminal que operan en las sombras. Intentaron descarrilar el proceso al alentar a líderes del movimiento magisterial disidente (CNTE) a llamar al boicot de las elecciones, sembrando dudas con violencia política y exponiendo sus instintos golpistas y antidemocráticos.

La historia a veces se repite: primero como tragedia, luego como farsa. Los acontecimientos de junio de 2025 son la continuación de una historia que aún se está escribiendo, una que comenzó con los votos de millones de mexicanos el 2 de junio de 2024.

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