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Opinión13 de junio de 2025

El declive autoritario de Estados Unidos y la inmigración como enemigo, símbolo y herramienta

Las protestas proinmigrantes en Estados Unidos se han convertido en el pretexto ideal para que Trump redoble sus esfuerzos por controlar política, policial y militarmente el país.
Las protestas proinmigrantes en Estados Unidos se han convertido en el pretexto ideal para que Trump redoble sus esfuerzos por controlar política, policial y militarmente el país.

Por Ernesto Ángeles. SPR Informa. Agencia de Prensa Mexicana.

Las protestas proinmigrantes que estallaron en California y se extendieron a otras partes de Estados Unidos se han convertido en un problema diplomático para México, un dolor de cabeza financiero y el pretexto ideal para que Trump redoble sus esfuerzos por controlar política, policial y militarmente el país que gobierna. Sin embargo, este desarrollo no es un hecho aislado; más bien es el preludio del fin de Estados Unidos tal como se lo conocía y promovía en el ámbito internacional: un país democrático, con garantías y libertades, con igualdad y otros lemas de su política exterior que, aun sin ser del todo ciertos, al menos mantenían las apariencias.

Ahora, Estados Unidos vive un proceso descarado de transformación hacia un país y un gobierno tecnofascista, oligárquico y autoritario, en el que las empresas tecnológicas y sus productos desempeñan un papel central, ya sea en la captura de inmigrantes, en el rediseño de las instituciones del Estado o en la preparación del país para la próxima guerra. Como es bien sabido, una de las características de los regímenes autoritarios es la intolerancia hacia la oposición o hacia todo lo que sea distinto; este es un elemento crucial de la narrativa unilateral del autoritarismo, hasta el punto de convertirse en parte de la identidad política del régimen, que necesita encontrar enemigos, ya sean internos o externos, reales o imaginarios.

Y dado que el supuesto peligro que los inmigrantes representan para Estados Unidos es un pretexto electoral y poco creíble, ¿cuál es el papel real de la inmigración en la administración de Donald Trump? ¿Qué objetivos se esconden detrás de la militarización de la cuestión migratoria?

Para empezar, la inmigración se cruza con tres prioridades del proyecto de Trump: la reingeniería político-institucional (un Estado centralizado y de tinte autoritario), la transformación sociocultural (el cristianismo blanco) y la economía excepcionalista (la explotación de aliados, rivales y pobres en nombre de la supervivencia, el crecimiento económico y la preservación de las élites). Este pensamiento se expresa con claridad en el documento titulado "Proyecto 2025", una hoja de ruta política de ultraderecha redactada por la Heritage Foundation en previsión de que Trump ganara las elecciones de 2024.

Entre los elementos más destacados del Proyecto 2025 figuran:

El despido masivo de decenas de miles de funcionarios públicos mediante la figura legal "Schedule F" para sustituirlos por personas leales al presidente.

La centralización del poder en la presidencia y el debilitamiento del sistema de pesos y contrapesos en el que intervienen el Congreso y los tribunales.

La derogación de políticas progresistas en materia de diversidad, equidad, aborto, derechos LGBTIQ+, cambio climático y control de armas.

La eliminación o transformación de agencias como el Departamento de Educación y el desmantelamiento de las regulaciones ambientales.

El uso de las fuerzas del orden y del ejército para tareas de inmigración y orden interno.

Una ocupación ideológica del Estado: todo servidor público debe alinearse con una interpretación ultraconservadora de los valores cristianos y del excepcionalismo estadounidense.

Como es evidente, el proyecto que sustenta la agenda política de Trump es autoritario, proteccionista, excepcionalista, racista y etnocultural. Sin embargo, no se trata simplemente de eliminar la inmigración y a los inmigrantes, dada su importancia económica. La migración forma parte de una política que existe desde mucho antes, tanto bajo demócratas como bajo republicanos, pero con Trump se ha radicalizado y ahora amenaza con volverse totalitaria.

Históricamente, el verdadero interés del capital estadounidense ha sido regular la inmigración de modo que sirva a sus necesidades económicas: una oferta de mano de obra barata, desorganizada y sin derechos; la necesidad de compensar déficits demográficos en ciertas regiones; y una herramienta para presionar al conjunto de la clase trabajadora mediante una fuerza laboral de reserva. En este contexto, cerrar parcialmente la migración y crear un estado legal de excepción para quienes ya están dentro permite que este sistema de explotación persista y se profundice. El objetivo no es eliminar a los inmigrantes, sino gobernarlos, volverlos invisibles y usarlos como palanca laboral.

Sin embargo, para Trump y el Proyecto 2025, el problema no es solo económico, sino también demográfico y político: se prevé que para 2045 Estados Unidos será un país de mayoría no blanca, lo que supone una amenaza para la hegemonía cultural y política de los estadounidenses blancos. Por eso existe un plan para limitar la llegada de inmigrantes, reducir el poder electoral de estas poblaciones (mediante la modificación del censo, leyes de supresión del voto o deportaciones masivas) y redefinir quién pertenece a la nación, no solo en términos legales, sino también culturales, lingüísticos y religiosos. Un ejemplo claro es el interés de Trump en eliminar la ciudadanía por derecho de nacimiento.

Esto también se vincula con el deseo del trumpismo de "restaurar los valores tradicionales estadounidenses" y "proteger la identidad nacional". Por ello, su administración busca restringir la inmigración como un acto de "autodefensa cultural". Desde esta perspectiva, limitar la inmigración se convierte en una estrategia de seguridad nacional, no solo en el sentido militar, sino también en términos de homogeneidad cultural, autoridad estatal y control territorial. El Proyecto 2025 se alinea con esta lógica mediante propuestas para militarizar la frontera, utilizar tecnologías de vigilancia (como las de Palantir) y facilitar deportaciones masivas mediante un estado legal de excepción, un tema que abordaré con más detalle en mi próximo artículo.

Por supuesto, también existe un interés puramente instrumental y electoral. El discurso antiinmigrante funciona como un punto de cohesión ideológica para la base conservadora blanca, rural o evangélica y como una forma de distraer del descontento económico real (la inflación, la precariedad laboral) culpando a los "de fuera".

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