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Opinión7 de agosto de 2025

El Chat-GPT mexicano: ¿un paso hacia la soberanía tecnológica o solo más dependencia?

El Consejo Coordinador Empresarial (CCE) de México, el gigante estadounidense de semiconductores Nvidia y las autoridades mexicanas encabezadas por el secretario de Economía, Marcelo Ebrard, lanzaron la iniciativa “Mexico AI: Accelerated Investment”.
El Consejo Coordinador Empresarial (CCE) de México, el gigante estadounidense de semiconductores Nvidia y las autoridades mexicanas encabezadas por el secretario de Economía, Marcelo Ebrard, lanzaron la iniciativa “Mexico AI: Accelerated Investment”.

Por Ernesto Ángeles. SPR Informa. Agencia de Prensa Mexicana.

El 30 de julio de 2025, el Consejo Coordinador Empresarial (CCE) de México, el gigante estadounidense de semiconductores Nvidia y las autoridades mexicanas encabezadas por el secretario de Economía, Marcelo Ebrard, lanzaron la iniciativa “Mexico AI: Accelerated Investment”. El proyecto pretende transformar a México en un centro regional de IA mediante la construcción de una red de centros de datos y supercomputadoras y, lo más importante, el desarrollo de un modelo a gran escala en español.

Según los organizadores, Nvidia proporcionará acceso a sus GPUs y colaborará con universidades como la UNAM (Universidad Nacional Autónoma de México) para crear supercomputadoras. A su vez, el CCE promoverá la adopción de la IA en los sectores productivos y apoyará la creación de más de 200 startups de IA. El proyecto también busca entrenar el modelo con datos locales en español y dialectos regionales para su uso en educación, salud y administración pública.

Llegados a este punto, quizá te preguntes: ¿para qué? ¿En qué beneficia esto a México? ¿Y hay riesgos?

Para empezar, es importante considerar que los modelos comerciales de IA como GPT suelen entrenarse con datos que excluyen las voces latinoamericanas y a menudo reproducen sesgos culturales. Un modelo regional podría, por tanto, ofrecer respuestas más pertinentes al contexto y, en el mejor de los casos, evitar la extracción de datos por parte de corporaciones extranjeras. En esta línea, México también forma parte del proyecto Latam-GPT, impulsado por Chile, para crear un modelo de código abierto adaptado a las culturas y lenguas latinoamericanas.

Estos esfuerzos, tanto “Mexico AI” como Latam-GPT, podrían marcar un giro hacia una representación digital más alineada con las realidades locales, interpretadas por y para las comunidades latinoamericanas y mexicanas. También podrían verse como un paso hacia la soberanía digital, al ampliar las realidades locales a herramientas digitales representativas y ayudar a preservar el patrimonio etnocultural de los grupos indígenas.

Si bien esta iniciativa puede parecer un paso firme hacia la soberanía tecnológica, como argumentó el propio Ebrard, los detalles técnicos importan. Aunque un país desarrolle su propio modelo de IA, si ese modelo depende de infraestructura y tecnología controladas por actores extranjeros, la soberanía resultante sería, en el mejor de los casos, parcial, y seguiría sujeta a las capacidades y decisiones de corporaciones u otros Estados.

No olvidemos que México y otros países dependen de hardware y modelos fundacionales producidos por empresas estadounidenses. Sin inversión en diseño y fabricación nacional de chips, la dependencia persistirá, a menos que los proyectos nacionales se alineen para apoyar e integrarse con este “GPT mexicano”, usando los recursos disponibles con inteligencia para reducir la dependencia de tecnología extranjera avanzada.

La iniciativa “Mexico AI” se lleva a cabo en asociación con Nvidia, una empresa enormemente poderosa y monopolística que vende chips, computación en la nube y software. Así, pese a que su CEO afirma que “todos los países necesitan IA soberana”, la atención debería centrarse en la letra pequeña y las implicaciones técnicas. Las ganancias de Nvidia pueden no ser puramente financieras, también pueden adoptar la forma de datos. No datos cualquiera, sino conjuntos de datos significativos, estructurados y curados que no están disponibles públicamente, lo que ahorra a Nvidia millones en recolección de datos y enriquece sus modelos propietarios, reforzando así su posición monopolística.

En este contexto, una estrategia más soberana a corto plazo implicaría diversificar proveedores (incluidos proyectos europeos abiertos y tecnologías chinas) y respaldar iniciativas regionales como Latam-GPT.

Otro asunto crucial es la transparencia del modelo. No se ha mencionado si el GPT mexicano será de código abierto. Un modelo nacional de IA de código cerrado dificultaría la cooperación internacional, crearía un activo centralizado y opaco, y beneficiaría solo a unos pocos.

Además, dado que se espera que el modelo incluya lenguas indígenas, será esencial obtener el consentimiento informado de las comunidades involucradas y garantizar que se beneficien de las aplicaciones resultantes. De lo contrario, esto podría perpetuar el colonialismo de datos. Por ello, es vital establecer organismos de gobernanza de datos y esfuerzos de educación digital que involucren a grupos indígenas, académicos y sociedad civil.

Además, las supercomputadoras y los centros de datos consumen enormes cantidades de energía y agua, por lo que es imperativo evaluar el impacto ambiental y las condiciones laborales asociadas con la construcción y el mantenimiento de esta infraestructura.

En conclusión, esta iniciativa representa un primer paso para liberarse de la dependencia tecnológica, esa que obstaculiza la innovación nacional. Sin embargo, aún queda un largo camino por recorrer, incluso con un “GPT mexicano”. Una IA verdaderamente soberana implica que un Estado controle la infraestructura, los datos y el desarrollo de sus modelos, y no que simplemente intercambie esos activos por chips, servicios en la nube y modelos supuestamente “nacionales” de poderosas corporaciones tecnológicas. De lo contrario, corremos el riesgo de replicar el colonialismo tecnológico, solo que con nuevos nombres y apariencias

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