Mexican Press Agency
México · Estados Unidos
Opinión1 de abril de 2025

Claudia Sheinbaum es la más popular… ¿qué puede hacer con eso?

Claudia Sheinbaum es la Presidenta más popular del mundo, de acuerdo a la respuesta que dio la Inteligencia Artificial de X "Grok" al presidente de El Salvador Nayyib Bukele. Photo: Magdalena Montiel Velázquez / Cuartoscuro / MxPA
Claudia Sheinbaum es la Presidenta más popular del mundo, de acuerdo a la respuesta que dio la Inteligencia Artificial de X "Grok" al presidente de El Salvador Nayyib Bukele. Photo: Magdalena Montiel Velázquez / Cuartoscuro / MxPA

Cuando Nayyib Bukele le preguntó a Grok, la herramienta de inteligencia artificial de X, quién es el presidente más popular del mundo entero, la respuesta convirtió al presidente salvadoreño en la bruja decepcionada a la que su espejo mágico le dice: «No, tú no eres la más bella de todo el reino». Resulta que, en 2025, la Blancanieves de Bukele no es otra que la presidenta de México, Claudia Sheinbaum.

Este sentimiento no solo queda confirmado por los memes que vinieron después: las encuestas confirman que, con cerca del 60% de los votos, desde junio Claudia Sheinbaum cabalga una ola de popularidad tras ganar la presidencia por el margen más amplio desde que Miguel de la Madrid ganó en 1982. En la victoria de De la Madrid, el PRI era el partido dominante y controlaba las elecciones. El fraude era un elemento básico del sistema. En los últimos meses, Sheinbaum ha alcanzado un nivel de popularidad que no iguala ninguno de sus predecesores, incluido su compañero de partido Andrés Manuel López Obrador.

El elitista diario británico The Financial Times identifica una tendencia al alza en las encuestas entre los líderes más visibles que han tenido que enfrentar los desafíos planteados por Donald Trump: Emmanuel Macron, de Francia; Keir Starmer, de Gran Bretaña; Justin Trudeau y Mark Carney, de Canadá; y Volodymyr Zelensky, de Ucrania, además de Sheinbaum.

De este sexteto, la presidenta mexicana es con diferencia la más adelantada, con un alza de su índice de aprobación neta (aprobación menos desaprobación) del 60% al 70%, mientras que el siguiente líder es Zelensky, con menos del 40%.

Encuesta tras encuesta confirman este desempeño impresionante: las del diario El Financiero, que adopta una postura crítica desde una óptica empresarial, muestran un crecimiento sostenido de la aprobación presidencial del 69% en noviembre al 83% en marzo, mientras que las encuestas del diario español El País y Enkoll muestran 76% en diciembre, 80% en enero y 82% en marzo.

Factores del «efecto Claudia»

«Se esperaba que la presidenta de izquierda de México, Claudia Sheinbaum, chocara con Trump», razona el Financial Times para explicar el espectacular desempeño de Sheinbaum, «pero la primera mujer que lidera el país ha recibido elogios por su enfoque sereno».

El estadístico de El Financiero Alejandro Moreno, atribuye esto a varios elementos, de los cuales «el cierre de filas en torno a la presidenta frente al factor Trump» es solo uno.

Más allá de las razones de este ascenso, la pregunta es: ¿de qué le puede servir a Sheinbaum un apoyo tan significativo?

Los desafíos internos y externos son considerables, y tendrá que ser cautelosa al invertir sus activos, pero sin dejar de invertirlos.

Hacia fuera, tiene margen de maniobra

La mayor incertidumbre viene, obviamente, de Donald Trump. Observadores dentro y fuera del país reconocieron la capacidad de la presidenta mexicana para contener, al menos temporalmente, varias amenazas de guerra arancelaria, lo que incluso le valió elogios del presidente estadounidense en varias ocasiones, hasta el punto de que la describió como una «mujer maravillosa» (en contraste con el desdén que mostró hacia los líderes canadienses).

Pero podría ser que este mismo miércoles, 2 de abril, las cosas cambien. Trump ha llamado a ese día el «Día de la Liberación» porque llevará su guerra comercial a todo el mundo. Si México no recibe un trato significativamente mejor (o menos maltrato) que Canadá y los aliados europeos, y si se le imponen aranceles excesivamente onerosos, también quedará por ver en cuánto tiempo Sheinbaum logra aligerarlos o eliminarlos.

El apoyo popular, en cualquier caso, le da solidez a la presidenta mexicana y amplía su margen de maniobra. Ha conquistado no solo a los votantes, sino también al sector empresarial, que (aunque sus preferencias están con los partidos conservadores) reconoce que solo Sheinbaum y su equipo pueden salvaguardar sus intereses. Le ofrecen su respaldo y se han mostrado receptivos a la posibilidad de que les pida aceptar cierto grado de dolor económico para evitar un daño máximo.

Oportunistas al ataque

Sin embargo, parece más claro cómo podrá la presidenta invertir su popularidad en el frente exterior que en el interno. Aunque un observador descuidado podría percibirla como hegemónica de todo el poder, con una coalición que controla mayorías abrumadoras en el Congreso federal así como casi todos los estados, en realidad no tiene todos los hilos en la mano, y algunos de sus aliados se aseguran márgenes significativos de autonomía.

Aunque el partido Morena de Sheinbaum representa un movimiento ideológico de izquierda, tanto él como su coalición con los partidos del Trabajo y Verde Ecologista son las vías más importantes de acceso al cargo público y están plagados de oportunistas. Además, como la selección de Sheinbaum como candidata dejó insatisfechos a varios de sus competidores, el entonces presidente López Obrador los apaciguó y los compensó distribuyendo cantidades significativas de poder, que ahora intentan usar para condicionar a la presidenta.

Los más prominentes son dos políticos que lideran fuertes grupos de interés sin vocación ideológica de izquierda: el exgobernador de Zacatecas Ricardo Monreal, coordinador de los diputados de Morena, y el exgobernador de Tabasco Adán Augusto López, líder de los senadores del partido. Desde sus posiciones, pueden acelerar, matizar, obstaculizar e incluso descarrilar iniciativas importantes para el gobierno federal, además de impulsar las propias.

Imán Sheinbaum

El crecimiento en popularidad, sin embargo, le da a Sheinbaum nueva fuerza. Desde ciertas perspectivas, lo debía todo a López Obrador, y ahora tiene sus propios réditos y legitimidad, con un reconocimiento que no es solo nacional y se extiende más allá de su sector político, sino también internacional, incluso hasta Donald Trump.

Su estilo de gestión se está mostrando eficaz, persuasivo y unificador. Además, como un yudoca, la presidenta parece aprovechar la presión que ejerce Trump para hacer avanzar cosas dentro del país, como en materia de seguridad pública.

No hubo prácticamente reparos, por ejemplo, cuando, para apaciguar a la Casa Blanca, rompió candados procedimentales que habían protegido durante años y décadas a ciertos capos del crimen, que otros presidentes no habían podido o no habían querido superar. En un solo día, envió inesperadamente a 29 criminales de alto perfil a Estados Unidos esposados, muchos de los cuales habían seguido operando sus redes desde la seguridad de la prisión. Algunos de ellos incluso podrían ser condenados a muerte, lo que no se permitiría si hubieran sido entregados bajo los términos del tratado bilateral de extradición vigente. Pero si eso ocurre, será tema para otro momento. Por ahora, el regalo fue apreciado por su homólogo estadounidense.

En seguridad, economía y otras áreas, como el sindicalismo, los derechos laborales y el medio ambiente, la presidenta puede seguir usando el poder de Trump para superar resistencias e impulsar cambios profundos que de otro modo serían muy complicados.

Pero su popularidad también debería servir para poner orden dentro de su propio movimiento, así como entre sus polémicos aliados, como el Partido Verde Ecologista, que no es un partido, ni verde ni ecologista, sino una franquicia de individuos sedientos de poder, un socio tan confiable como un vendedor de secretos.

El poder de Morena es capaz de lograr transformaciones profundas, pero al mismo tiempo es vulnerable a la intriga interna y a las traiciones solapadas. Sheinbaum se ha convertido, sin embargo, en un imán por derecho propio, lo que debería hacer que los maquinadores sientan el riesgo de terminar en la polaridad equivocada.

Relacionado: Análisis: cómo el sistema judicial hizo necesaria su propia reforma

SecciónOpinión
Republica esta notaNuestro periodismo se puede republicar libremente, con crédito completo a Mexican Press Agency y a sus autores. Avísanos antes en [email protected].

Más de Opinión

Todas las notas →