Cloud Juice: mexicanos combaten el cambio climático con cosecha de agua
El programa Cloud Juice utiliza agua de lluvia y la transforma en agua purificada y potable para estudiantes de la UNAM. Sin embargo, no es tan sencillo como suena, pues el agua recolectada está contaminada en la Ciudad de México.

«Miles de personas han sobrevivido sin amor, ninguna sin agua», dijo una vez el ensayista y ganador del Premio Pulitzer W. H. Auden. La frase del poeta cobra aún más vigencia a medida que la escasez de este líquido vital se vuelve cada vez más evidente. Preocupados por ello, estudiantes de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) han tomado acción con su Cloud Juice.
El programa Cloud Juice utiliza agua de lluvia y la transforma en agua purificada y potable para estudiantes de la UNAM. Sin embargo, no es tan sencillo como suena, pues el agua recolectada está contaminada en la Ciudad de México.
Desarrollado por la Dirección General de Atención a la Comunidad (Dgaco), coordinado por Mireya Imaz Gispert, este programa podría ayudar a combatir la falta de agua debido al cambio climático.
En este punto, el programa busca replicarse a gran escala para atender a más mexicanos y así aprovechar el agua que se necesita desesperadamente en diferentes zonas de la ciudad.
El Instituto de Geofísica, la Dirección de Servicios Médicos y la Dirección General de Atención a la Salud participaron en la creación de este ambicioso proyecto. Todo ello se hizo para analizar los parámetros físicos, químicos y biológicos con criterios nacionales e internacionales y garantizar que el agua fuera segura.
¿Cómo funciona?
Primero, el agua se recolecta de los techos de los edificios. En el caso de los campus universitarios, se eligió el edificio de Programas Universitarios en Ciudad Universitaria (CU). El colector tiene una superficie de 193 metros cuadrados y está hecho de vidrio. Este colector guía el agua de lluvia a través de tuberías de polipropileno hasta un tanque de almacenamiento.
Este tanque también es un sistema de filtración y se llama “Tlaloque”. Una serie de contenedores filtran el agua de los contaminantes de la atmósfera de la ciudad.
De ahí pasa a dos tanques de 30,000 litros que también sirven para depositar los contaminantes sólidos por sedimentación, y se agrega una tableta de cloro. Luego el agua fluye por un filtro de 90 micras y después por otro filtro de carbón activado. Un tercer filtro elimina las partículas de 10 micras. Finalmente, se añade ozono para eliminar cualquier organismo vivo restante.
Por supuesto, el destino final del agua son los dispensadores de agua para que los estudiantes universitarios la usen.
Este programa no solo ha demostrado que puede ayudar a mitigar la escasez de agua que veremos en los próximos años, sino que también es replicable y, por supuesto, orgullosamente mexicano.
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