¿Para quién escribe la prensa? ¿Quién la lee?
Por Jorge Hernández Aguilera. SPR Informa. Agencia de Prensa Mexicana.

Por Jorge Hernández Aguilera. SPR Informa. Agencia de Prensa Mexicana.
Según investigaciones de La Jornada y Contralínea, el gobierno del expresidente Enrique Peña Nieto gastó entre 50 y 80 mil millones de pesos (US$2.500 millones a US$4.000 millones al tipo de cambio actual) en publicidad en medios de comunicación. En contraste, la administración del expresidente López Obrador gastó aproximadamente 18 mil millones de pesos (US$910 millones) a lo largo de su sexenio. Esto representa una reducción de hasta el 80% en el gasto respecto a la administración anterior.
¿Su gobierno tambaleó debido a este recorte significativo en el gasto de comunicación? No.
Por el contrario, la administración de AMLO recibió de manera consistente uno de los índices de aprobación más altos para cualquier gobierno a lo largo de todo su mandato.
¿Cuál ha sido el impacto de todos esos medios tradicionales que volcaron su fuego mediático contra el Presidente? Ninguno.
Hoy, la sociedad en general no se (des)informa a través de los editoriales de los medios tradicionales. La velocidad de las redes sociales ha obligado incluso a los medios tradicionales a competir por audiencias en las redes sociales, no en sus propias plataformas como la TV o la radio.
A nivel local, la ecuación es más sencilla. Hay dos grandes categorías: los medios que apoyan la narrativa del gobierno y los llamados “medios imparciales”, que, legítimamente o no, escriben en oposición a las acciones públicas y políticas del gobierno.
Comenzando por los últimos, para quienes reivindican la pureza periodística como una responsabilidad social y cívica, sería aconsejable que ampliaran su ámbito de análisis y crítica para incluir todas las expresiones y el desarrollo del poder real.
Es decir, criticar el abuso de poder no solo en la esfera pública sino también en el ámbito económico.
Recientemente, el gobernador de Puebla, Alejandro Armenta, solicitó públicamente que Grupo Proyecta done un par de hectáreas para una iniciativa de desarrollo habitacional impulsada por el Presidente de México. En Puebla, la fuerza policial estaría entre los beneficiarios.
En general, la “prensa crítica” mantiene una confrontación constante con las acciones del gobierno, pero ofrece poco o ningún análisis de los abusos cometidos por los poderes económicos. Tomemos a Grupo Proyecta, por ejemplo. Adquirieron terrenos a cuatro pesos por metro cuadrado y ahora obtienen ganancias de hasta 700 dólares por metro cuadrado. Todo esto fue posible mediante mecanismos que rayan en la ilegalidad, la intimidación y el despojo de tierras. Existen denuncias que se remontan al menos a ocho años en relación con el desarrollo “City Lomas” en Santa Clara Ocoyucan.
¿No es esencial en una sociedad democrática contar con análisis y crítica periodística dirigidos a la plutocracia?
En cuanto al primer sector, el que apoya y promueve las narrativas gubernamentales, también veo margen de mejora.
Primero, está el tema de la jerarquía narrativa. La Cuarta Transformación es un proyecto gubernamental de construcción de nación que busca replicarse a nivel estatal. Es inaceptable ver inconsistencia periodística en quienes elogian las acciones del gobierno local mientras condenan, criminalizan o moralizan contra el proyecto nacional del gobierno.
En segundo lugar, cada medio debería esforzarse por desarrollar su propia narrativa sobre temas generales. De lo contrario, existe el riesgo de una falsa uniformidad al replicar simplemente el mismo comunicado de prensa, con la misma estructura, sin aportar profundidad periodística o editorial.
Un tercer punto es la conciencia de la nueva era de la comunicación. Dos factores principales debe consolidar cualquier medio contemporáneo:
Primero, crear una narrativa sólida con una postura editorial clara que muestre su orientación política, ideológica y de visión del mundo.
Y finalmente… construir una audiencia.
Tener una narrativa sólida es tan importante como tener una audiencia que consuma y retroalimente esa línea editorial.
He visto proyectos de medios con alta calidad de producción audiovisual, pero cuyo contenido solo lo ven un puñado de personas.
El impacto de un contenido debe medirse no solo por su calidad sino también por su alcance.
Los días de hablar solo a la élite política y a los líderes de opinión han quedado atrás.
La prensa impresa solía ser hegemónica: pocos medios, consumo masivo.
Hoy, el alcance masivo puede no ser un objetivo razonable, pero construir y consolidar una audiencia leal sí lo es.
Dime a quién le hablas y cómo le hablas, y te diré quién eres.
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